Intro

Intro

martes, 26 de julio de 2011

UNA DIVERTIDA APORÍA MONETARIA


Amaneció un bello día en la Aldea de Asterix.

En aquellos días dicha aldea tenía un sistema monetario "autometalista", como diría el viejo profesor Knapp. Su dinero era oro al peso, tuviera la forma que tuviera. Oro a secas, como diría un castizo.

El dueño de la mina, Orix de Platix, tras desayunar y dar un beso a su mujer, se pasó por la mina y cogió unos cuantos saquitos con oro y se fue dando un tranquilo paseo al centro del pueblo, para hacer sus compras del día ("no te olvides de recoger el casco nuevo", le dijo su mujer).

Tras hacer las compras que necesitaba, para lo cual gastó dos saquitos de oro, cogió el resto - diez sacos, la producción del día anterior había sido de doce sacos en total - , y se fue a casa de Orfebrix , el joyero y orfebre del lugar, para venderle la producción del día.

"Buenos días, Orfebrix. Buenos días, Orix".

- Vengo a venderte el oro que produje ayer.

- ¿Cúanto quieres por tu oro?, preguntó Orfebrix.

-Pues, como te vendo diez sacos de oro, quiero a cambio... diez sacos de oro! Orix se quedó de piedra. ¿Para qué diablos iba a hacer semejante permuta inútil, de dinero por dinero, de oro por oro, salvo para sudar un poco?, pensó Orix.

Y luego pensó más todavía: "Bueno, podría pedirle a cambio unas figuritas y anillos de esos tan bonitos que hace.

Pero luego lo pensó mejor, algo no encajaba.

"Pero si yo no quiero esas figuritas para nada, tenemos la casa llena, y a mi mujer no le gustan los anillos. Y no me voy a poner a dar vueltas por el pueblo luego, horas y horas, hasta que alguien las quiera a cambio de mis compras del día. Además, Orfebrix las vende en el centro del pueblo, en su bonita tienda, de modo que no tendría más remedio que venderlas más baratas, y saldría perdiendo. En cambio, mis saquitos de oro me los aceptan en todas partes, y puedo comprar todo lo que necesito con ellos."

Pero Orfebrix también se había puesto a pensar.

Y pensaba: "Yo necesito el oro de Orix para hacer mis figuras y anillos. Pero es completamente absurdo que le entregue los mismos sacos de oro que viene a venderme.Y, claro, mi querido Orix no va a querer mi mula, ni mi carretilla, ni la capa que traje de Lutecia, y lo peor de todo, tampoco puedo darle a cambio algunas de mis figuras (suponiendo que nos pongamos de acuerdo en cúantas le parecen bien a cambio de sus diez sacos de oro ), porque él no se dedica a venderlas como yo, y no le servirían para hacer sus compras.

Ambos quedaron paralizados de estupor, tanto, que cuando cayó la noche unas horas más tarde, seguían inmóviles, uno frente al otro, sin saber qué hacer.


¿Cómo podríamos ayudarles?

.

No hay comentarios: