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lunes, 18 de julio de 2011

ORDO MUNDI


"Las Ciudades Estado de Tiro, Micenas y Troya y otras ciudades y estados innumerables de las cuales ni siquiera su nombre ha quedado en la memoria de los hombres, finalmente, con demasiada frecuencia, terminaron en una ruina humeante arrasadas por hombres salvajes, hombres como el portador de la máscara de oro que Heinrich Schlieman descubrió en sus excavaciones en Micenas, y que probablemente se trate de Agamenón descansando en su sueño eterno.

Enterrado con la espada en una mano, este gigante entre los hombres todavía se aferraba en la muerte, como en vida, a esos disco de oro que tan notoriamente eran el único fundamento de su riqueza y poder."

David Astle
The Babylonian Woe
Capítulo III. Per me Dei Regnant

Comentario de John C. Turmel:

" Aunque todos hemos oído que "No podrás llevártelo contigo", quizá esta sea una de las bromas de Dios. Así, mientras contemplamos el alegre vuelo de los pobres que "cruzaron a través del ojo de una aguja", vemos al fondo a los Rothschild de este mundo encadenados por toda la eternidad a sus toneladas de oro.

Y, justo enfrente de ellos, una enorme pantalla de Televisión expondría también eternamente las vidas de los millones de hombres que ellos destrozaron y desgarraron por su codicia usuraria, con todos los sonidos de los infinitos gemidos, sollozos y gritos de agonía cuya vida y felicidad arreabataron para su placer y su orgullo.

Muchas veces me he preguntado qué clase de Infierno tendrá reservado Dios para aquellos usureros o banqueros que entendieron perfectamente cómo funcionaba el mecanismo diabólico de la deuda que diseñaron para devorar las vidas de los demás. No la clase de idiotas con suerte absorbidos por el sistema como los Flaherty´s, sino los Rockefellers y semejantes que, desde el comienzo de la civilización, fueron completamente conscientes de la clase de genocidio que estaban ejecutando sobre su prójimo mediante sus estafas, su usura y su violencia implacable.

Sin duda, un buen castigo para ellos sería contemplar una y otra vez, por toda la eternidad, las breves y miserables vidas de aquellos a quienes torturaron, atormentaron y desposeyeron de todo, encadenados para siempre a sus enormes pilas de frío e inútil oro."

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" Así, se manifiesta con toda claridad que permitiendo que el oro fuera equivalente a la riqueza, a aquello que había sido el dinero de todos, la Ley común de sus vidas y su esfuerzo, simplemente una institución de la Ley de cantidades transferibles limitadas creadas por la Ley, para asistir y otorgar orden a los intercambios entre las gentes de su pueblo, aquél Dios-Rey traidor e ignorante, ya en plena decadencia, estaba entregando su poder, y la libertad de su pueblo, a aquellas sombras inescrutables que acechaban desde la oscuridad de las lejanas Casas de Banca de Babilonia, Aram y Sumer.

Para estos Reyes así corrompidos el poder ya no era suyo, sino que descansaba en las manos de los comerciantes de lingotes y de los dueños de las minas, que con las vidas y la sangre de incontables esclavos daban a luz cada día el brillante metal.

Con aquellos preciosos metales que arrancaban de los cuerpos de los vivos y los muertos en cada ciudad que saqueaban y pasaban a cuchillo, al volver los tiempos de paz, compraban toda clase de lujos, símbolo de su poder, y obtenían las mejores armas y guerreros existentes en su tiempo.

Por ello es fácil distinguir cúando el monarca de aquellos tiempos antiguos había sucumbido ante el poder de los Señores del Dinero. Basta con advertir cúando los anales de su destrucción nos hablan de inflación monetaria, escasez de dinero y de las cadenas de la usura. O bien, cuando los conquistadores de un pueblo o ciudad exigían imperiosamente y sobre todo el oro y la plata como su principal botín, podemos saber que ellos mismos eran ya súbditos de las cadenas internacionales de los depredadores del oro y la plata, los Señores del Templo traicionado.


David Astle
The Babylonian Woe
Capítulo III. Per me Dei Regnant


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