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jueves, 30 de junio de 2011

DORADA PROPAGANDA



" Para la clase de personas que se adhieren a la superficial creencia según la cual el dinero acuñado o amonedado con metales preciosos, corresponde en valor con el coste económico de los materiales con los que se ha fabricado, ha sido siempre una ocupación favorita deducir de los oscuros anales del período feudal algún sistema monetario basado en este IMAGINARIO PRINCIPIO, y abogar por la adopción de un sistema similar en nuestra época.

Sin embargo, dejando a un lado el disparate de copiar sin más de las instituciones de una época ignorante, puede afirmarse sin peligro que ningún sistema semejante existió en esa época, y que siempre que se ha intentado su realización en tiempos recientes ha fracasado.

En una obra anterior a ésta - Historia del Dinero en los tiempos Antiguos- he mostrado concluyentemente que, contrariamente a la creencia de éstos teóricos monetarios citados, la moneda o la suma de las monedas que constituyó la "Livre" de Francia NUNCA contuvo una libra de peso en plata ; tampoco la Libra Esterlina - pound sterling - de Inglaterra contuvo jamás una libra de peso de ese metal; y, además de lo escrito sobre el asunto hasta la fecha, debo remarcar que, aun suponiendo que el valor de esos metales amonedados correspondiera al coste de extracción de los mismos - lo que no es un hecho y nunca lo ha sido - , dicho valor sería siempre alterado por la Ley que les otorga curso legal; en otras palabras, por la Ley que convierte un simple lingote o trozo de metal cualquiera en Dinero.

Junto a esta influencia de la Ley, que es común a todas las naciones y a todas las épocas, los metales preciosos han sido objeto de otras influencias, muchas de ellas específicas de las Edades Ocuras y Medievales, algunas de las cuales han sobrevivido hasta el presente, cualquiera de las cuales habría provocado diferencias entre el valor del metal en lingotes y el metal amonedado.

Las citadas influencias son el señoraje, las restricciones a la acuñación, restricciones o impuestos relativos a la exportación o importación de metales preciosos, restricciones o impuestos sobre la actividad minera, restricciones o impuestos sobre el consumo de objetos de arte, la inevitable variación en el peso o pureza entre monedas con la misma denominación, variaciones entre el peso proporcional y la pureza de las monedas y sus múltiplos, las leyes de máximos y otros.

Resulta evidente que allí donde cualquiera de las citadas regulaciones prevalece, el valor de un peso cualquiera de metal en forma de lingote extraído de una mina, o del stock existente de vajillas y objetos de arte, y las monedas, debe necesariamente ser diferente.

Y ninguna argumentación, por muy abundante que sea, inducirá a una persona en su sano juicio a aceptar un trozo de metal precioso en lugar del pago en moneda de curso legal. De igual modo, tampoco ninguna declaración acerca del peso y la pureza degradará jamás a una moneda de curso legal al estado de impotencia e inmobilidad de un simple lingote.

Cueste lo que cueste producirlo, cuando el lingote recibe la marca, sello o cuño legal, a partir de dicho momento su valor subirá o bajará en aquella proporción que su valor aritmético como numerador tenga en relación con la cantidad total de dinero como denominador, y ningún artilugio ni truco sofístico podrá nunca alterar esta sencilla ley natural.

Como prueba de ello, y como no podía ser de otro modo, los experimentos realizados en años recientes con sistemas de dinero-lingote han fracasado invariablemente.

Así, por la Ley de 26 de Septiembre de 1847, Holanda acuñó lingotes de oro de peso y pureza uniformes, los detalles de los cuales se inscribieron en las piezas con respaldo legal (Guillaumes D´or), y, como correspondía a la naturaleza del experimento, dichos lingotes no recibieron el respaldo de la declaración de curso legal , ya que se esperaba que los mismos circulasen gracias a sus méritos puramente metálicos.

El resultado fue que no fueron aceptados en absoluto. Desde 1851 hasta 1853 , alrededor de 1.500 Guillaumes D´Or fueron acuñados del modo descrito, y en el citado año 1853 se interrumpió definitivamente su acuñación porque no había demanda alguna para ellos.

Igualmente, por la Ley de 12 de Febrero de 1873, los Estados Unidos de América acuñaron lingotes de plata conocidos como "trade dollars", de 420 granos de plata y 9/10 de pureza, detalles de peso y pureza que del mismo modo fueron inscritos sobre las piezas. Además, se les concedió poder liberatorio o curso legal sólo hasta 5 dólares.

A pesar de este privilegio del curso forzoso limitado, el cual les otorgaba poderes que ningún simple lingote tuvo nunca, circularon de forma tan lenta y débil que por la Ley de 22 de Julio de 1876 fueron desposeídos del citado curso forzoso, momento a partir del cual su circulación cesó por completo y sólo pudieron encontrarse en los establecimientos de los intermediarios monetarios. Aquellos que los habían recibido se apresuraron a venderlos con un descuento de entre el 5 y el 10%.

Mientras tanto, el dolar stándar, de 412 1/2 granos, con pleno poder liberatorio o curso forzoso legal ilimitado, e incluso el dólar fraccionario, de 385 8/10 granos, con poder liberatorio hasta 5 dólares, circularon masivamente y sin impedimento alguno.

Porque, ciertamente, estas últimas monedas referidas, eran DINERO. En cambio, los "trade dollars" , excepto por un breve período, eran únicamente simples piezas de metal o lingotes."


Alexander del Mar
Money and Civilization.
Cap. I. págs, 15 a 17
Ed. de Georg Bells & Sons. London, 1886


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